Esa
tarde,
habiendo Eulogio
salido
de
uno
de
sus
trabajos
y
camino
al
otro,
le vino
a
la
mente
su
recuerdo.
Y
lloró
con
lágrimas
y
todo.
¿Que
le llevó
a
llorar?
Y
esa
extraña
mezcolanza
de
pena
y
alegría.
La
parte
alegre
corresponde
a
su recuerdo.
A
aquellos
de
su infancia,
cuando
bajo
su mirada
protectora
iba
a
la
escuela,
tal
vez
con
pantalones
remendados
pero
siempre
ropa
impecablemente
almidonada
y
zapatos
relucientes,
con
la
media
reglamentaria
y
el
guardapolvo
"Martel",
que
le compraba
con
mucho
esfuerzo,
a
lo
mejor
privándose
de
una
ropa
o
un
calzado
de
domingo.
Y
los
deberes
(hoy
le
dicen
"tarea")
severamente
revisados
en
los
cuadernos
de
dos,
primero,
y
de
una
raya
después,
prolijamente
forrados,
con
rótulos
que
llenaba
con
esa
impecable
letra
suya,
así
como
la
"primera
hoja",
que
eran
verdaderas
obras
de
arte,
con
el
nombre
de
la
materia
a
la
cual
correspondía
el
cuaderno,
pluma
y
tinta
"Pelikan",
mediante.
También recordó con una sonrisa, las tareas que le asignaba en la casa y la habilidad tremenda que tenía para que Eulogio, hermano y hermanas no se dieran cuenta que eran pobres, materialmente. Pero, que riqueza tenían en el alma, mediante su trabajo de hormiga, haciéndolos sentir bien, capaces e iguales a cualquier hijo de vecino, aunque este perteneciera a una familia de mejor pasar en lo económico. Decía lo de las tareas. Llenar el cántaro de agua fresca, traer leña, encerrar a la tardecita la única lechera que tenían, o pelear en la "matadería" vecina a su casa, con los demás niños del barrio con olor a pobreza, por las menudencias que podía darles el carnicero de turno.
También recordó con una sonrisa, las tareas que le asignaba en la casa y la habilidad tremenda que tenía para que Eulogio, hermano y hermanas no se dieran cuenta que eran pobres, materialmente. Pero, que riqueza tenían en el alma, mediante su trabajo de hormiga, haciéndolos sentir bien, capaces e iguales a cualquier hijo de vecino, aunque este perteneciera a una familia de mejor pasar en lo económico. Decía lo de las tareas. Llenar el cántaro de agua fresca, traer leña, encerrar a la tardecita la única lechera que tenían, o pelear en la "matadería" vecina a su casa, con los demás niños del barrio con olor a pobreza, por las menudencias que podía darles el carnicero de turno.
Recordó
cuando
se mudaron
de
aquel
barrio
y
se establecieron
en
el
“centro”,
a
un
costado
de
la
Iglesia
y
la
Plazoleta,
ella sacó
a
relucir
su
iniciativa,
al
montar
aquel
almacencito-bar-pensión
donde
le enseñó (a Eulogio) lo
que
hoy
día
los
“modernos”
llaman
emprendedorismo.
A
sus
14
años
tenía
su propio
negocio,
con
el
billar-gol
que
su papá
retiró
de
algún
lugar
de
Asunción
y
él se
encargó
de
pagar
en
largas
cuotas
gracias
a
su trabajo
de
todas
las
noches
después
de
asistir
al
colegio
nocturno
de
Tebicuary
a
4
o
5
Km
de
su querida
Coronel
Martínez.
En
esas
lejanas
noches
se sentía
un
verdadero
empresario
atendiendo
la
mesa
de
billar-gol
y
vendiendo
toda
la
comida
que
preparaba ella
antes
de
ir
extenuada
a
la
cama,
y
dejando a Eulogio,
“a
cargo”
del
pequeño
pero
poderoso
“imperio
económico”,
en
su febril
imaginación
de
adolescente.
Pero
no
siempre
todo
es
color
de
rosa.
Sintió
que
su mundo
perfecto
se
venía
abajo
cuando
su papá
consideró
que
aquel
“imperio
económico”
era
realmente
un
camino
al
vicio
y
a
la
perdición
para
él y
decidió
sin
consultarle,
llevarlo a
Asunción,
a
los
16
años
para
terminar
la
secundaria
en
el
colegio
público
más
prestigioso
en
aquel
entonces,
al
que
no
cualquier
mortal
rural
podía
acceder.
Y
vino
el
doloroso
desarraigo
y
su brusca
inserción
en
la
vida
urbana.
Pero,
como
siempre
al
final,
su papá
tenía
razón,
aunque
comprenderlo
le llevó
varios
años.
Tuvo
los
naturales
tropiezos
del
adolescente
rural,
luchando
con
los
desajustes
que
en
materia
educativa
existen
entre
la
ciudad
y
el
campo.
Pero
esa
ciega
confianza
que
le tenían
su papá
y
ella,
de
que
Eulogio podía
llegar
lejos,
hizo
que
tal
cosa
se
cumpliera
y
con
creces.
Hoy
día,
Eulogio tiene
una
hermosa
familia,
con
una
abnegada
y
bella
compañera,
y dos
hermosas
hijas .
Su vida
es
casi
un
sueño,
pues
también
en
lo
laboral,
cumplió
con
creces
con
aquellas
expectativas
que
generó
en
su papá
y
ella.
Ocupa
dos
cargos
directivos
nada
despreciables
en
dos
Instituciones
muy
prestigiosas,
una
en
el
campo
educativo,
otra
en
el
área
financiera.
Y
llegó
solo,
con
su esfuerzo.
Todo
eso
genera
su alegría.
Pero,
también
al
comienzo
hablé
de
pena.
Esa
pena
que
le llevó
a
llorar
esta
tarde.
Y
es
porque
ya
no
está
acá, su....
……Mamá.
JaRDInero
San
Lorenzo,
13
de
Marzo,
aun
verano
del
2008
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