Eulogio
despertó de su larga siesta de domingo. Se fue junto al pozo bajo la
enramada, hundió el balde en el fondo, roldana mediante recuperó el
recipiente lleno de agua y vertió parte de su contenido en la vieja
palangana.
Se
lavo la cara, se mojó el cabello y se peinó rápidamente con la
prolija raya que se solía hacer a la izquierda y corrió a la
cercana estación azuzado por el sonido desafinado que hacía el tren
al llegar al poblado.
Eran
las 5 del domingo de tarde, y el 'tren internacional' llegaba cansino
con su cargamento de luces y aromas en los vagones. Gente que vestía
raro para lo que Eulogio conocía.
Llegó
a tiempo para ver bajar del tren a la hija del Intendente que llegaba
de Villarrica con ropas y zapatos nuevos, por los comentarios
acaramelados de las hijas del Juez y del Comisario, que llenas de
sumisión y totalmente adulonas, daban detalles a viva voz, de las
novedades en el vestuario de la robusta hija del Lord
Mayor.
Una
vez superada la breve distracción, corrió con su impecable peinado,
a escuchar a la encargada del correo leer la lista de
correspondencias llegadas, lectura matizada con comentarios sobre
cada uno de los remitentes de las cartas. El tenía la misión,
encargada por su madre, de retirar las cartas para las tías
Margarita, Elodia, Eustaquia Parriz, Eustaquia Peña, para la abuela
Salvadora y el tío Sotero. Su mamá era “Carta Apoha”.
JaRDinero
Primavera
del 2011
Asunción,
Paraguay.
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