viernes, 10 de mayo de 2013

Eulogio


Eulogio despertó de su larga siesta de domingo. Se fue junto al pozo bajo la enramada, hundió el balde en el fondo, roldana mediante recuperó el recipiente lleno de agua y vertió parte de su contenido en la vieja palangana.

Se lavo la cara, se mojó el cabello y se peinó rápidamente con la prolija raya que se solía hacer a la izquierda y corrió a la cercana estación azuzado por el sonido desafinado que hacía el tren al llegar al poblado.

Eran las 5 del domingo de tarde, y el 'tren internacional' llegaba cansino con su cargamento de luces y aromas en los vagones. Gente que vestía raro para lo que Eulogio conocía.

Llegó a tiempo para ver bajar del tren a la hija del Intendente que llegaba de Villarrica con ropas y zapatos nuevos, por los comentarios acaramelados de las hijas del Juez y del Comisario, que llenas de sumisión y totalmente adulonas, daban detalles a viva voz, de las novedades en el vestuario de la robusta hija del Lord Mayor.

Una vez superada la breve distracción, corrió con su impecable peinado, a escuchar a la encargada del correo leer la lista de correspondencias llegadas, lectura matizada con comentarios sobre cada uno de los remitentes de las cartas. El tenía la misión, encargada por su madre, de retirar las cartas para las tías Margarita, Elodia, Eustaquia Parriz, Eustaquia Peña, para la abuela Salvadora y el tío Sotero. Su mamá era “Carta Apoha”.

JaRDinero
Primavera del 2011
Asunción, Paraguay.

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