martes, 30 de julio de 2013

Me llevas a la luna...


Me llevas a la luna...
No hay duda...
Solo en la luna se puede soñar como sueño...
Sueño con tenerte y vivir contigo esta vida...
Y encontrarte en las futuras y las anteriores.
#
Me llevas a la luna...
De tu mano...
Con tu simplicidad de mujer sencilla...
Tu mirada rehuyendo la mía...
Tu voz dulce y melodiosa.
#
Me llevas a la luna...
Sin nave alguna...
Tu alma, es el vehículo...
Mi alma, el pasajero...
Siguen la ruta celestial eterna.
#
Me llevas a la luna...
Pero también me regresas...
Y este regreso es doloroso...
Pues no estas...
Y es tarde triste de domingo.

Fernando de la Mora, tarde de un habitual invierno caluroso en agosto/2012

JaRDinero

No te olvides...

No te olvides... 
De decirle al viento 
Que me haga llegar tus besos 
Con perfume de jazmines 
Y con sabor a penumbra 
  # 
No te olvides... 
Que en el fondo 
Soy un niño consentido 
Necesito de tus besos 
Como el silencio al sonido 
  #
No te olvides... 
Que hace frío 
Mas no lo siento en mi cuerpo 
Son mis labios desnudos 
Claman el abrigo de tus besos 
  #
No te olvides... 
Que en mi cielo 
Habitan tus besos tiernos 
Es El Edén del consuelo 
Y la paz de mis tormentos 

Otoño del 2001  
JaRDinero 
Creado 
2001.05.06 12:28

Dejare que la lluvia...

Dejaré que la lluvia..
..moje mis recuerdos
..lave mis heridas del alma
..riegue mis ansias de poesía
..me libere de miedos absurdos.
#
Dejaré que la lluvia..
..me traiga viejas historias
..arrancadas de mi infancia
..de lluvias guaireñas y mansas
..de tardecitas multicolores y mágicas.
#
Dejaré que la lluvia..
..rescate a ese niño perdido
..que gozaba de charco en charco
..probando barquitos de papel
..de hojas de cuaderno de dos rayas.
#
Dejaré que la lluvia..
..me transporte al rincón encantado
..donde la realidad aún es sueño
..y soñare con realidades futuras
..inventadas por esta mansa lluvia.
#
JaRDinero
Creado
2001.10.29 10:47.

domingo, 7 de julio de 2013

Días de clase(de la saga de Eulogio) - Del libro “Ña Rosa, carta apoha”(“Doña Rosa, escritora de cartas”)

Viajemos en tiempo y espacio, y  vayamos al año 1966 a las 6:00 AM de una fría mañana de junio, al pequeño poblado rural de Coronel Martínez , Departamento del Guaira, en la República del Paraguay.  Lleguemos a la casa del niño Eulogio, situada en los bajos de la estación del tren, que pasaba por el borde del poblado. El niño de 7  años había sido vigorosamente despertado por su madre a fin de alistarse para las clases diarias en la escuela del pueblo, adonde se dirigió después del frugal desayuno consistente en una infusión caliente preparada con la mezcla de  yerba mate y azúcar, quemados  conjuntamente con una brasa encendida,  al que los paraguayos llamamos cocido  y los argentinos mate-cocido. Eulogio y su hermana menor Petrona,  ya uniformados impecablemente con sus blancos guardapolvos,  apuraron la taza o pocillo de cocido blanqueado con leche caliente de vaca y acompañado por una especie de pan redondo y no muy blando al que llamamos galleta.  No tiene el mismo “formato” de la galleta de otros países, pero  cumplía su función de dar una leve sensación de saciedad a los respectivos estómagos de los niños.

Los hermanos, ella con 5 años, subían la cuesta desde su casa hasta la estación, y empezaban a adentrarse  a la zona urbana, al pasar la casa de Doña Lisa, una antigua pobladora de la zona, dueña de un pequeño y atractivo negocio (para los niños) de comestibles. Ambos iban con sus enormes portafolios de cuero donde llevaban sus enseres escolares. Ante el tamaño de sus portafolios parecían mas pequeños de lo que realmente eran.  Cruzaban el pueblo, pasando por la Comisaría, el Juzgado de Paz, el templo católico al que todos llamaban Iglesia, la plaza del pueblo y la Municipalidad para finalmente llegar a su destino, después de haber caminado como 800 a 1000 metros y cruzarse con casi toda  la población masculina adulta, que en bicicleta, se dirigía a su puesto de trabajo en la vecina localidad de Tebicuary, distante como 4 o 5 kilómetros, y era asiento del ingenio Azucarera Paraguaya,  que al decir orgulloso del tío Remberto, era la fábrica más grande de Sudamérica. Una vez en la escuela, saludaban a sus amigos, en el caso del niño y Petrona hacía lo mismo con sus amigas. Por supuesto, fiel a la costumbre  de la época el compartir era de “los niños con los niños y las niñas con las niñas”.

Se cumplía puntillosa-mente la ceremonia de formar fila, realizar algunos ejercicios seudo-militares(“media vuelttt!!!”, “a la izquierrr!!!”, “a la derechhh!!!”, “a dis...creción!!!”) bajo la voz de mando del señor Chelito, quien quiso ser militar pero quedó en maestro de escuela rural. Posteriormente se cantaba el himno nacional, más una canción militar o patriótica y los niños soportaban, haya motivo o no,  la consabida reprimenda de la señorita Crisolda, directora de la escuela, quien tenía años de ser “señorita” con pocas esperanzas de cambiar a “señora”   y quien, según lo que Eulogio escuchaba de la tía Herculana, estaba destinada a  “vestir santos”. Esa parte no era muy bien comprendida por el niño que nunca veía desnudos a los santos, por lo que consideraba que no era necesario vestir-los, y en consecuencia veía inútil la tarea que la tía quería asignar a la directora, quien también era conocida como la señorita Cris.

Como ya se habrán dado cuenta una profesora soltera era tratada  como “señorita” con el agregado de su primer nombre y un profesor, soltero o casado,  recibía el tratamiento de “señor” y el primer nombre.  A la maestra de tercer grado, Penélope Santander  de Bartomeu, casada con el catalán Jordi Bartomeu, dueño de la tienda del pueblo,  se le decía señora Penélope, evitando todo intento cariñoso de abreviar su nombre, por temor a embarazosos equívocos. Los formalismos descriptos eran rigurosamente contemplados, además que la comunicación(?) solo se daba en una dirección, de los mayores hacía los menores. Eran raras las ocasiones en que los niños se dirigían a los maestros y tal audacia solo se daba cuando un infante se sentía súbitamente envalentonado, por ejemplo, acuciado por el inminente y no muy agradable desenlace de algún proceso fisiológico alterado por una in-gesta inapropiada, como el de mezclar dulce de maní y miel de caña, con algún chicharrón de carne de cerdo.

Pero vayamos de nuevo a la rutina escolar. Una vez cumplido el ceremonial, en rigurosa y marcial fila, con la voz de mando del señor Chelito de fondo, los niños, con un marcado y explicito rostro de alivio, accedían por fin a sus respectivas aulas de la vetusta edificación de madera  donde se asentaba la “Escuela Graduada N° 55”. Al entrar al salón de clases permanecían parados frente  a sus respectivos lugares, consistentes en una silla y una mesa bajas, en posición de “firmes y con vista al frente”, dignos del mejor pelotón de cadetes del Colegio Militar, esperando responder  en coro y con una perfecta uniformidad,  los “Bueee...nos díaaas, alumnos” de la maestra o maestro de turno. La mañana trascurría rápidamente entre clases de Ciencias Naturales, Aritmética, Lenguaje Oral y Lenguaje Escrito, que el o la docente impartía rigurosamente desde el “Manual de lecciones” o “Libro de lectura” del grado correspondiente, donde los niños tenían “voz” solamente cuando eran interpelados   sobre lo desarrollado para verificar su nivel de atención, que si no se producía en un grado necesario como para responder “correctamente”, ponía en peligro las orejas de los alumnos. Estos tomaban apuntes en sus “cuadernos de anotador” pero solamente lo hacían cuando las lecciones eran dictadas o a indicación de copiar lo que estaba en la “pizarra”. Terminadas las clases Eulogio y Petrona regresaban a su casa en las orillas del pueblo, donde almorzaban y debían guardar religiosamente la siesta que su madre dormía por una o dos horas, después de la comida del mediodía. El padre de ambos trabajaba conduciendo camiones u ómnibus y casi nunca estaba en la casa. A la tarde, la madre revisaba severamente,los cuadernos de los niños y les ayudaba dentro de sus limitaciones a realizar los “deberes” o “tareas”, que traían de la escuela,  con lo que se cerraban las actividades educativas formales  del día para los pequeños.

Faltaría acotar que algunos días de la semana la jornada educativa empezaba a las 4 de  la  mañana, cuando la madre despertaba a ambos chicos para repasar las lecciones a  la luz de las velas, pues la casa como todas las de la población, no contaban con servicio de energía eléctrica, teléfono ni agua potable. También es digno de mencionar que Eulogio  era naturalmente curioso en cuanto a la lectura desde temprana edad y compartía esa afición con su compañero de clases y amigo, Miguelito Garete. La mamá de Miguelito, era encargada del correo, por lo que el camarada de Eulogio tenía ciertos  privilegios en cuanto a información y tuvo la brillante idea de escribir a embajadas de países extranjeros solicitando información, que eran generosamente respondidas con el envío  de abundante  material de lectura, que  era  compartida por Miguelito con Eulogio.  

Volvamos a la rutina diaria de la educación de los niños, que oficialmente se cerraban con su madre a las 4 de la tarde. Pero para Eulogio y Petrona continuaban pues, después de este horario ambos niños completaban las tareas del hogar que su  madre les asignaba y que para Petrona, a pesar de su corta edad, podía ser ayudar a preparar la cena, barrer las habitaciones o parte del patio. Sin embargo Eulogio tenía tareas más varoniles, para el pensamiento de la época, como recoger leña para la cocina, encerrar a la única vaca lechera de la familia, llenar el cántaro(recipiente de barro cocido, que cumplía la función de bebedero familiar) con agua de pozo o traer pedazos de takuru o kupi'i raity(nido de termitas) cuyos “habitantes” constituían una opción de alimentación para las aves de corral, principalmente gallinas y gallos.

Los dos niños apuraban las tareas pues tenían que estar libres a las 5 de la tarde, hora asignada por la madre a que los niños jugaran. Petrona por su lado jugaba a las muñecas, al descanso(saltando en un pie en un área demarcada del suelo o piso y dividida en cuadros) , a la tikichuela(juego de manos con bolitas o cánicas, o en ausencia de ellas, cocos o piedritas) o saltar la cuerda, con Santa Ávalos su fornida vecina y prima, y con Tata(si, era niña) Arévalos la vecina y medio pariente que vivía en la última casa del pueblo antes del Arroyito que cruzaba detrás y era afluente del río  Tebicuary-mi. Tata, en oposición a Santa era la más lejana imagen de la robustez y llamarla flaca era un un piropo por la escuálida figura que proyectaba.

Eulogio, por su parte, esperaba ansioso ir a la canchita (de fútbol “soccer”) a un costado de las vías y de la estación del tren, pegada a la casa del “Capataz Cuadrilla”(se refiere al capataz de la cuadrilla del Ferrocarril,  que mantenía las vías del tren)  y en los bajos de la casa de los hermanos Miguelito, Alexandro y Polaco Garete. A Eulogio,  le parecía las 5 un poco tarde para llegar al sitio de diversión, pues no era precisamente un destacado futbolista, pero si el entusiasmo no se le podía negar. La meta era llegar lo más temprano posible y así aprovechar la falta de puntualidad de los ídolos y talentosos, y entrar a jugar aunque sea unos minutos mientras llegaban las estrellas, momento en el cual era irremediablemente reemplazado. La otra opción era que Eulogio fuera “pelota jara”(dueño de la pelota), para asegurar su inclusión en uno de los equipos.  La única demora era saber en cuál de los equipos, pues ambos capitanes que conformaban las alineaciones, se disputaban y discutían para no ser los “agraciados” con el concurso de Eulogio.

Pero, ¿que tenía que ver todo esta parte  de los juegos con los días de clase? Pues si tenía que ver y mucho. Por una mentalidad extranjerizan-te y especialmente porteñista Eulogio y Petrona tenían, en su casa y en la escuela,  expresamente prohibido hablar guaraní, la lengua nativa de los paraguayos que en aquella época no estaba reconocido como idioma oficial  como lo es actualmente.  Dada la situación, que  los niños que compartían los juegos con los dos hermanos, en los dos escenarios citados,  hablaban primordial-mente guaraní y escasamente el castellano,   los infantes de nuestra historia  se veían obligados a hablar la lengua ancestral y aprender a dominar-la con las vivencias lúdicas del día a día, en los inicios con cierta torpeza, que provocaba las burlas de los camaradas. Las destrezas y los conocimientos en el uso del guaraní se fueron consolidando en los niños, por al aporte adicional de los diálogos con las tías y abuelas, y las ocasionales salidas a los almacenes “ramos generales”(proveedores de artículos varios) y al “mercado”(solo se vendía carne), lugares adonde  eran ocupados los niños, en especial Eulogio. Los que respetaban la regla de “no ser guarangos(acepción paraguaya o paraguayismo con que se denominaba a los guaraní-hablantes)” eran los padres de Miguelito Garete, dueños de un almacén y panadería, el señor Jorge Vázquez, también dueño de un almacén ramos generales y con la particularidad que concedía créditos, en especial a los de las zonas rurales, y el catalán Bartomeu, dueño de la tienda de telas. Los primeros citados por una solidad amistad con los padres de Eulogio y por compartir la forma en que se debía educar a los niños y el catalán, por razones obvias.

Años después, Eulogio recordaba con una silenciosa sonrisa las situaciones jocosas que se generaban cuando Petrona y él tenían necesidad de comunicarse con sus  amigos guaraní-hablantes, frente a sus padres, y tenían que recurrir al universal mensaje de las señas para no caer en infracción frente a sus mayores.

Mientras Eulogio termina de contarme esto,  se levanta del asiento de su escritorio y disimuladamente se lleva el pañuelo a la cara, para secar la lluvia mansa y en pequeñas gotas que  le sale de los ojos y del alma.

Dejemos que descanse y volvamos por sus historias, otro día.

JaRDinero
Fernando de la Mora, Paraguay, Julio 2013
Aun invierno, pero veranillo de San Juan

08/07/13 01:24:00 diasdeclase

domingo, 12 de mayo de 2013

Monólogo de un diálogo

Si.
Llueve.
Como aquella vez que ella me dejó. ¿Qué por qué me dejó?. Vaya uno a saber. Ya me diste vos la versión de Ña China.

Claro.
Que ella me dejó porque yo no "funciono". Vos y yo sabemos que "funciono". Cuantas noches de pasión. Lo que tenía yo con ella tal vez mató la rutina.

Si.
Tantos años juntos.
¿Cuántos?. Y a ver. Ya eramos “amancebados” en el 53. Regularizamos en el 55. Así que hacé la cuenta. Son muchos años. ¿Qué si qué le ví a ella?. Bueno. Era la más linda del pueblo. Encima maestra "normal". Debo confesar algo. Yo ya le eché ojo en su época de "normalista". Si. Ya sé. En esa época ella estudiaba en Villarica. ¿Qué cómo hacía para verla?.

Bueno.
Los fines de semana venía. Llegaba en el tren del sábado de mañana. Y volvía los tristes domingos a a la tarde. Siempre en tren. ¿Qué si yo iba a la estación?. Ahora que lo pienso sí. Llegaba antes que los vendedores de aloja y chipa. Y que la encargada del correo. Ahora, mirando atrás, debo admitir que iba por ella. No, no!!. Por la encargada del correo, no. Iba por Margarita. Si. Ella misma.

La primera maestra normal del pueblo. La que me deslumbró, con su media sonrisa y sus ojos entornados. Hasta le dediqué una música en la "calesita" de la función patronal. ¿Me preguntas cuál música le dediqué?. A ver. Si. Fue esa que dice "Cuando suena la campana/de la escuela normal/me asomo a la ventana/mi normalista a esperar".

¿Si se dio cuenta?. ¡Como no se iba a dar cuenta! Si el locutor dijo por el "parlante" que era de parte de un "bachiller del Colegio Nacional de la Capital". A la sazón, el único que respondía a esas señas,en cinco leguas a la redonda, era yo.

Con el agregado de que la ruidosa de mi tía Justina ya estaba haciendo conjeturas con las tías solteronas de ella. Al día siguiente, domingo, después de misa primera, la acompañe hasta su casa. Me invitó a tomar tereré. ¿Si yo tomaba tereré en ese entonces?. No, claro que no. Le acepté una fresca "greifonada" como llamaba Mamerto, el criado de los Vázquez al jugo de pomelo. (Claro, en su elemental razonamiento, si del limón se hacía limonada, del greifu(1) se obtenía "greifonada"). Ella me mostró su dentadura blanca y perfecta, en una sonrisa. (Agradecí, mentalmente, en ese momento a Mamerto, su ocurrencia). Aquellos domingos se repitieron una y otra vez.

Después ya fueron sábados y domingos. El noviazgo se apuró en llegar, convirtiéndose en religiosos martes, jueves y sábados. Los martes y jueves en la pensión de los Buzarquis en Villarica. Claro. Iba a caballo. Religiosamente. ¿Qué cuantos años de noviazgo tuvimos?. Ni llegamos a los nueve meses. Ella se recibió. Y consiguió un "rubro" como maestra de la escuelita de Capellán Egidio Cardozo.

Y con mi trabajo de procurador'i en el tribunal de Villarrica, hicimos juntos una pareja respetable, por lo menos económicamente. En otros aspectos, fuimos el "mal ejemplo" del pueblo. ¿Qué por que?. Porque simplemente "nos juntamos". Sin casarnos. Sus padres dejaron de frecuentarnos. Ña Vito, la mayordoma de la Iglesia, nos ponía como ejemplo a no seguir a las catequistas. Tanta fue la presión que en el 55, como te dije, regularizamos.

Bueno.
Convergieron varios factores. La presión del pueblo. Mis aspiraciones políticas. Era ya abogado en aquel entonces y con aspiraciones a ser juez del pueblo. Además de la oportuna(tal vez no) presencia de esos misioneros franciscanos que "cazaban" a la gente para "casarlos".

Y nos casamos.
Un caluroso diciembre. Como una maldición, desde aquella época, empezaron las dificultades. Y mis permanencias en Villarica se prolongaron. Fue la época en que te conocí. Supongo que recuerdas que lo nuestro fue puro pasión desde el comienzo. Y entonces ya no había "fuerzas" para ella. Además lo nuestro es tan puro y especial. De ahi fue que inventé que no "funcionaba" más. Y eso llegó a oídos de todo este maldito y pequeño pueblo.

Tal vez fue ella, la que esparció el rumor antes de irse. Se habrá enterado de lo nuestro?. Creo que no. Ahora que llueve recuerdo vivida-mente todo. El día que se fue, ella dejó en mi cierto dolor, como la que me produce esta lluvia lacerante.
Necesito de tu abrazo. Abrazame, Eduardo.

Primavera del 66

JaRDinero

(1)Sinónimo de pomelo para los guaraní-hablantes, como una deformación de la expresión inglesa “grape fruit”.

sábado, 11 de mayo de 2013

Toribio Leiva



El tren se detuvo en medio del concierto desafinado de sus chirridos. El inspector de boletos despertó a Toribio Leiva de su profundo sueño "Llegamos, señor. Es la estación de Coronel Martínez". Se restregó los ojos. Y se miró el raído y arrugado traje de dos piezas que estaba flotando alrededor de su flaca anatomía. Como un reflejo vino a su mente la madrugada en que consiguió ese traje cuando hacía de “ciruja” en un elegante barrio de Buenos Aires. Según Pantaleón Toledo, correntino, y su colega de calle en esa madrugada, el traje podría haber sido del diputado que vivía en la casa que tomaba la manzana entera. Había encontrado el traje, en el enorme depósito de basura que correspondía a la mansión.

Un leve estremecimiento que recorrió su cuerpo, devolvió a Toribio a la realidad, cuando al bajar del tren vio un uniformado “verde mate” mirándole fijamente. Se recuperó tan rápido como se dio cuenta que el policía era su viejo compañero de escuela primaria, Virgilio López, ahora comisario de aquel “pueblo chico, infierno grande” como gustaban comentar ambos en su adolescencia y planeaban salir del lugar en la primera oportunidad que tuviesen.

Toribio sonrió aliviado cuando Virgilio lo reconoció y lo saludó con la añorada y recordada frase “Mba'eiko Cho Tori!!!”(1). Se sintió en Paraguay, y más aún, en su añorada Coronel Martínez.

JaRDinero

Enero, verano del 2012
Fernando de la Mora, Paraguay.

(1)“Que tal, camarada Tori”

viernes, 10 de mayo de 2013

La tarde en que Eulogio lloró


Esa tarde, habiendo Eulogio salido de uno de sus trabajos y camino al otro, le vino a la mente su recuerdo. Y lloró con lágrimas y todo. ¿Que le llevó a llorar? Y esa extraña mezcolanza de pena y alegría. La parte alegre corresponde a su recuerdo. A aquellos de su infancia, cuando bajo su mirada protectora iba a la escuela, tal vez con pantalones remendados pero siempre ropa impecablemente almidonada y zapatos relucientes, con la media reglamentaria y el guardapolvo "Martel", que le compraba con mucho esfuerzo, a lo mejor privándose de una ropa o un calzado de domingo. Y los deberes (hoy le dicen "tarea") severamente revisados en los cuadernos de dos, primero, y de una raya después, prolijamente forrados, con rótulos que llenaba con esa impecable letra suya, así como la "primera hoja", que eran verdaderas obras de arte, con el nombre de la materia a la cual correspondía el cuaderno, pluma y tinta "Pelikan", mediante.

También recordó con una sonrisa, las tareas que le asignaba en la casa y la habilidad tremenda que tenía para que Eulogio, hermano y hermanas no se dieran cuenta que eran pobres, materialmente. Pero, que riqueza tenían en el alma, mediante su trabajo de hormiga, haciéndolos sentir bien, capaces e iguales a cualquier hijo de vecino, aunque este perteneciera a una familia de mejor pasar en lo económico. Decía lo de las tareas. Llenar el cántaro de agua fresca, traer leña, encerrar a la tardecita la única lechera que tenían, o pelear en la "matadería" vecina a su casa, con los demás niños del barrio con olor a pobreza, por las menudencias que podía darles el carnicero de turno.

Recordó cuando se mudaron de aquel barrio y se establecieron en el “centro”, a un costado de la Iglesia y la Plazoleta, ella sacó a relucir su iniciativa, al montar aquel almacencito-bar-pensión donde le enseñó (a Eulogio) lo que hoy día los “modernos” llaman emprendedorismo. A sus 14 años tenía su propio negocio, con el billar-gol que su papá retiró de algún lugar de Asunción y él se encargó de pagar en largas cuotas gracias a su trabajo de todas las noches después de asistir al colegio nocturno de Tebicuary a 4 o 5 Km de su querida Coronel Martínez. En esas lejanas noches se sentía un verdadero empresario atendiendo la mesa de billar-gol y vendiendo toda la comida que preparaba ella antes de ir extenuada a la cama, y dejando a Eulogio, “a cargo” del pequeño pero poderoso “imperio económico”, en su febril imaginación de adolescente.

Pero no siempre todo es color de rosa. Sintió que su mundo perfecto se venía abajo cuando su papá consideró que aquel “imperio económico” era realmente un camino al vicio y a la perdición para él y decidió sin consultarle, llevarlo a Asunción, a los 16 años para terminar la secundaria en el colegio público más prestigioso en aquel entonces, al que no cualquier mortal rural podía acceder. Y vino el doloroso desarraigo y su brusca inserción en la vida urbana. Pero, como siempre al final, su papá tenía razón, aunque comprenderlo le llevó varios años. Tuvo los naturales tropiezos del adolescente rural, luchando con los desajustes que en materia educativa existen entre la ciudad y el campo. Pero esa ciega confianza que le tenían su papá y ella, de que Eulogio podía llegar lejos, hizo que tal cosa se cumpliera y con creces.

Hoy día, Eulogio tiene una hermosa familia, con una abnegada y bella compañera, y dos hermosas hijas . Su vida es casi un sueño, pues también en lo laboral, cumplió con creces con aquellas expectativas que generó en su papá y ella. Ocupa dos cargos directivos nada despreciables en dos Instituciones muy prestigiosas, una en el campo educativo, otra en el área financiera. Y llegó solo, con su esfuerzo. Todo eso genera su alegría. Pero, también al comienzo hablé de pena. Esa pena que le llevó a llorar esta tarde. Y es porque ya no está acá, su....

……Mamá.

JaRDInero
San Lorenzo, 13 de Marzo, aun verano del 2008



El par de zapatos


La muchacha miró una vez más el nuevo par de zapatos que se había comprado de la tienda del turco. Le hubiese gustado estrenar los zapatos en la fiesta patronal. Era un mes tan lindo pues todos los que habían salido del pueblo, volvían en julio. Era tiempo de recuerdos, de reencuentros. pero aquel año, era tristemente diferente. Ese par de zapatos, lo iba a estrenar en dolorosas circunstancias.
El pueblo se había convertido en un lugar abandonado, lleno de melancolía, tristeza, añoranza. La fábrica de los gringos cerró, ya no había caña de azúcar en la zona. Ese par de zapatos, que en otras circunstancias, hubiese significado alegría y fiesta, ahora solo tenia sabor a lágrimas y despedida. Margarita estaba tan absorta en sus pensamientos que no se dio cuenta que su hermana Clara había entrado a una de las habitaciones del rancho "Kulata jovai"(1) donde estaba ella.

Y sin ningún preámbulo le espetó, la dolorosa pregunta: 
- ¿Ya te trajeron tu pasaje para España? -.

JaRDinero
Otoño del 2011
México DF, México.

(1) Vivienda rural en Paraguay con un lugar de estar en el medio, sin pared adelante ni atrás, y con dos habitaciones a los costados.

Días de lluvia


Los días de lluvia, como este, tenían un encanto especial para Eulogio. Los motivos eran varios. Podía salir al “corredor jere” (1) de su casa construida con adobes, ladrillos y techo de paja, a construir bar-quitos de papel de cuaderno de hojas de dos rayas y ponerlos a navegar en las , para él, caudalosas aguas del río imaginario que se formaba alrededor del corredor, producto de la lluvia caída, que previamente había pasado por la canaleta puesta donde terminaba el techo, para darle un destino al líquido vital que se desplomaba al suelo en poderosos chorros, en cada esquina del fresco techo de la vivienda, que estaba situada en las orillas del pueblo, en el “estación bajo”.

Eulogio, a sus siete años se sentía un poderoso armador de embarcaciones, “profesión” esta que alternaba con la vendedor de paquetes turísticos a las hormigas que aparecían desesperadas en el corredor, huyendo de la lluvia, y pasaban a ser “pasajeras obligadas” de los vehículos navales del niño.

Si la lluvia tenía pausas o terminaba, Eulogio salia a retozar en la pequeña laguna que se formaba al lado de su casa en compañía de Liborio Arévalos, su vecino, amigo y coetáneo. Para desdicha y enojo de su madre, el niño volvía de tales excursiones, totalmente empapado y con una urgente necesidad de cambio de ropa, que si era época invernal agravaba la situación, pues la ropa de abrigo no abundaba en la casa. Ña Rosa, la madre de Eulogio, procedía en esos casos a ordenar al “delincuente” que se arrodille frente a las imágenes de los santos, en un rincón del dormitorio conyugal, sobre granos de maíz y le “acariciaba” las nalgas con tres o cuatro cintarazos, “Para que aprendas, nde mita'i arruinado!!!”. (2)

Volviendo a la escasez de ropas invernales, estas se paliaban con las “RU”(Ropas Usadas) proveídas por Ña Rafaela, vendedora de dicho tipo de prenda, que se desplazaba desde Asunción para tal menester. La señora mencionada tenía, lo que hoy llamaríamos “visión de negocios”, pues vendía las prendas en cómodas cuotas. Ña Rafaela era una precursora de los coreanos que aparecieron posteriormente y vendían “campelas” y otras “plendas” en cuotas semanales.

Otra fuente de vestimenta para Eulogio y familia eran las tías en USA y Argentina que enviaban a Coronel Martínez, las ropas dejadas de usar por sus maridos e hijos. Con algunos retoques de la hacendosa Ña Rosa,(era modista, aparte de “Carta Apoha”), mediante su máquina de coser “New Yorker”, el lavado profundo y hasta almidonado, pasaban a lucir nueve-citas en Eulogio y su hermana Petrona, que hasta ese momento eran los hijos del matrimonio. Posteriormente pasaría lo mismo con Alberto y Felipa, hermanos que nacieron más adelante. Isolda, la menor de todas, ya nació en Asunción, pero esa es otra historia. También estaba Isidora, hermana de padre de Eulogio , pero ella vivía en Calixtro, Carapegua, en compañía de la abuela paterna, Koka y los tíos Eladio y Floripa, quienes cuidaban a la abuela.

Otro motivo de solaz era que no había clases, aunque a Eulogio le gustaban las clases, en especial las de Lenguaje Oral y Lenguaje Escrito. Pero, un día de lluvia tenía mayor peso en los afectos del niño. Como en todo el Paraguay, en esa época(1966), a la menor señal de lluvia, se suspendía toda actividad. Sea esta de la índole que sea, excepción hecha de los velorios, que por su naturaleza y urgencia, seguían su curso normal.

Pero había algo que definitivamente, alegraba a Eulogio en los días de lluvia como este. Su padre, Eulogio Carlos Quinto, era chofer de ómnibus y en otras ocasiones de camiones de carga. Si la lluvia lo “agarraba” en Coronel Martínez, se quedaba en la casa, pues la ruta de acceso a Asunción y a otros puntos de país, quedaban clausuradas. En esa época, no había pavimento pétreo(empedrado) ni asfáltico(asfaltado) en esos, entonces, lejanos rincones del país. La única alternativa era usar el tren, con sus escasas frecuencias, para salir de tal encierro.

Eulogio Carlos Quinto, por su oficio y por ende, sus continuos viajes, permanecía poco tiempo en su casa. Con aspecto y modales rudos, sin embargo escondía en su interior a un extraordinario y sensible padre. Los días de lluvia en que quedaba en casa, enviaba a Eulogio a comprar de la panadería de don Miguel Garete, galleta con grasa. Para Petrona y su hermano la galleta con grasa era una delicia comparable con el caviar para los gourmets. Agréguenle el cocido(mate cocido) que preparaba Ña Rosa para la merienda de la tarde lluviosa. Eulogio volvía de la panadería con el preciado manjar y algún libro o revista que intercambiaba con Miguelito Garete, su compañero de escuela, con quien compartía el gusto por la lectura, a pesar de sus cortas edades. Eulogio y Miguelito, fueron compañeros por muchos años, y competían por el primer lugar de la clase, pero sin malicia ni envidia, pues estudiaban y jugaban juntos, sin estar conscientes de que estaban en concurso.

Volviendo a Eulogio Carlos Quinto, el hacía de esos días lluviosos una fiesta para Petrona y Eulogio(ocasionalmente para Isidora, cuando venía de visita), pues les llenaba de atenciones y mimos. Una de las atenciones, preferida por los niños, era que su padre les preparaba una especie de estofado con carne vacuna, batata, verduras y hortalizas. Era comida de dioses para los infantes, matizada por las constantes bromas de su padre. Si la estadía de Eulogio Carlos Quinto se prolongaba, cambiaba el ritmo de la casa. Su rutina de chofer, hacía que a las cuatro de la mañana le despertara a todo el mundo. Eso no era algo muy estimulante para Eulogio, que tenía un apego extraordinario a las sábanas. Le gustaba que le despertaran temprano, con una condición. Si había caldo de pescado preparado por su padre, producto de los días prolongados de lluvia y de la pesca de Euologio Carlos Quinto en las aguas del Tebicuary-mi, cercano a la casa.

Afuera la lluvia humedece el suelo y el cemento. Así como se humedecen los ojos de Eulogio al recordar. Me dice que se formó un nudo en su garganta y no puedo seguir contándome. Otro día seguimos.

JaRDinero

Asunción, 26/11/2012

Aún Primavera del 2012.

(1) Corredor o galería que rodea una edificación, por lo general una vivienda rural.

(2)Para que aprendas, niño torpe!!!”.

Eulogio y su nombre


Eulogio tiene un solo nombre. Tan solo Eulogio. Y se salvó por un “pelito” de llevar el nombre de Cayetano, gracias a un curioso hecho.

Acababa de nacer en Coronel Martínez, en la casona de los Diarte, en el pueblo mismo, donde "posaba" la partera y donde "internó"(la partera) a su madre(la de Eulogio), quien llegó desde la compañía Arroyito. Era la madrugada(4:00) del 7 de agosto de 1959, cuando se produjo la primera visita.

El nunca bien ponderado "Cayetano Lechuza", ya vino a ver al bebé, o sea a Eulogio, acompañando a la abuela materna de este, quién se había trasladado desde Arroyito hasta el pueblo.

Por supuesto, su abuela materna(la de Eulogio) estaba asistiendo a la madre del niño en el trance, y había traído su linterna de cinco pilas, que prestamente "Cayetano Lechuza" llevó como "souvenir", sin el permiso de la abuela.

Posterior al descubrimiento del hecho, tenían que definir que nombre ponerle al tierno infante y surgió la opción de "Eulogio Cayetano".Eulogiopor el padre, llamadoEulogio Carlos QuintoyCayetanoel nombre sugerido por el AlmanaqueBristolque era como una biblia para los nombres. Si no se usaba el nombre del santo en cuestión, según la creencia popular, el niño correría ciertos riesgos en el transcurso de su vida.

Pese a todo esto, la abuela se plantó y en un arranque digna de una heredera de Las Residentas, sentenció:

- Ani mo'ake pe mo'i cheve hese aipo Cayetano hina. Imondaitene osevo-.(1)

Aquella madrugada de lunes, la abuela salvó al niño de llamarse "Cayetano", quedando su nombre, sencilla y llanamente en Eulogio.

JaRDinero

Caluroso 8 de Diciembre.
Aún(increíblemente) primavera de 2012.

(1) “Jamás se les ocurra ponerle el nombre Cayetano(al niño). Sería(en su vida) un ladrón consumado!!!”

Eulogio


Eulogio despertó de su larga siesta de domingo. Se fue junto al pozo bajo la enramada, hundió el balde en el fondo, roldana mediante recuperó el recipiente lleno de agua y vertió parte de su contenido en la vieja palangana.

Se lavo la cara, se mojó el cabello y se peinó rápidamente con la prolija raya que se solía hacer a la izquierda y corrió a la cercana estación azuzado por el sonido desafinado que hacía el tren al llegar al poblado.

Eran las 5 del domingo de tarde, y el 'tren internacional' llegaba cansino con su cargamento de luces y aromas en los vagones. Gente que vestía raro para lo que Eulogio conocía.

Llegó a tiempo para ver bajar del tren a la hija del Intendente que llegaba de Villarrica con ropas y zapatos nuevos, por los comentarios acaramelados de las hijas del Juez y del Comisario, que llenas de sumisión y totalmente adulonas, daban detalles a viva voz, de las novedades en el vestuario de la robusta hija del Lord Mayor.

Una vez superada la breve distracción, corrió con su impecable peinado, a escuchar a la encargada del correo leer la lista de correspondencias llegadas, lectura matizada con comentarios sobre cada uno de los remitentes de las cartas. El tenía la misión, encargada por su madre, de retirar las cartas para las tías Margarita, Elodia, Eustaquia Parriz, Eustaquia Peña, para la abuela Salvadora y el tío Sotero. Su mamá era “Carta Apoha”.

JaRDinero
Primavera del 2011
Asunción, Paraguay.