Los
días de lluvia, como este, tenían un encanto especial para
Eulogio. Los motivos eran varios. Podía salir al “corredor jere”
(1) de su casa construida con adobes, ladrillos y techo
de paja, a construir bar-quitos de papel de cuaderno de hojas de dos
rayas y ponerlos a navegar en las , para él, caudalosas aguas del
río imaginario que se formaba alrededor del corredor, producto de la
lluvia caída, que previamente había pasado por la canaleta puesta
donde terminaba el techo, para darle un destino al líquido vital que
se desplomaba al suelo en poderosos chorros, en cada esquina del
fresco techo de la vivienda, que estaba situada en las orillas del
pueblo, en el “estación bajo”.
Eulogio,
a sus siete años se sentía un poderoso armador de embarcaciones,
“profesión” esta que alternaba con la vendedor de paquetes
turísticos a las hormigas que aparecían desesperadas en el
corredor, huyendo de la lluvia, y pasaban a ser “pasajeras
obligadas” de los vehículos navales del niño.
Si
la lluvia tenía pausas o terminaba, Eulogio salia a retozar en la
pequeña laguna que se formaba al lado de su casa en compañía de
Liborio Arévalos, su vecino, amigo y coetáneo. Para desdicha y
enojo de su madre, el niño volvía de tales excursiones, totalmente
empapado y con una urgente necesidad de cambio de ropa, que si era
época invernal agravaba la situación, pues la ropa de abrigo no
abundaba en la casa. Ña Rosa, la madre de Eulogio, procedía en esos
casos a ordenar al “delincuente” que se arrodille frente a las
imágenes de los santos, en un rincón del dormitorio conyugal, sobre
granos de maíz y le “acariciaba” las nalgas con tres o cuatro
cintarazos, “Para que aprendas, nde mita'i arruinado!!!”.
(2)
Volviendo
a la escasez de ropas invernales, estas se paliaban con las
“RU”(Ropas Usadas) proveídas por Ña Rafaela, vendedora de
dicho tipo de prenda, que se desplazaba desde Asunción para tal
menester. La señora mencionada tenía, lo que hoy llamaríamos
“visión de negocios”, pues vendía las prendas en cómodas
cuotas. Ña Rafaela era una precursora de los coreanos que
aparecieron posteriormente y vendían “campelas” y otras
“plendas” en cuotas semanales.
Otra
fuente de vestimenta para Eulogio y familia eran las tías en USA y
Argentina que enviaban a Coronel Martínez, las ropas dejadas de
usar por sus maridos e hijos. Con algunos retoques de la hacendosa Ña
Rosa,(era modista, aparte de “Carta Apoha”), mediante su máquina
de coser “New Yorker”, el lavado profundo y hasta almidonado,
pasaban a lucir nueve-citas en Eulogio y su hermana Petrona, que
hasta ese momento eran los hijos del matrimonio. Posteriormente
pasaría lo mismo con Alberto y Felipa, hermanos que nacieron más
adelante. Isolda, la menor de todas, ya nació en Asunción, pero
esa es otra historia. También estaba Isidora, hermana de padre de
Eulogio , pero ella vivía en Calixtro, Carapegua, en compañía de
la abuela paterna, Koka y los tíos Eladio y Floripa, quienes
cuidaban a la abuela.
Otro
motivo de solaz era que no había clases, aunque a Eulogio le
gustaban las clases, en especial las de Lenguaje Oral y Lenguaje
Escrito. Pero, un día de lluvia tenía mayor peso en los afectos del
niño. Como en todo el Paraguay, en esa época(1966), a la menor
señal de lluvia, se suspendía toda actividad. Sea esta de la índole
que sea, excepción hecha de los velorios, que por su naturaleza y
urgencia, seguían su curso normal.
Pero
había algo que definitivamente, alegraba a Eulogio en los días de
lluvia como este. Su padre, Eulogio Carlos Quinto, era chofer de
ómnibus y en otras ocasiones de camiones de carga. Si la lluvia lo
“agarraba” en Coronel Martínez, se quedaba en la casa, pues la
ruta de acceso a Asunción y a otros puntos de país, quedaban
clausuradas. En esa época, no había pavimento pétreo(empedrado)
ni asfáltico(asfaltado) en esos, entonces, lejanos rincones del
país. La única alternativa era usar el tren, con sus escasas
frecuencias, para salir de tal encierro.
Eulogio
Carlos Quinto, por su oficio y por ende, sus continuos viajes,
permanecía poco tiempo en su casa. Con aspecto y modales rudos, sin
embargo escondía en su interior a un extraordinario y sensible
padre. Los días de lluvia en que quedaba en casa, enviaba a Eulogio
a comprar de la panadería de don Miguel Garete, galleta con grasa.
Para Petrona y su hermano la galleta con grasa era una delicia
comparable con el caviar para los gourmets. Agréguenle el
cocido(mate cocido) que preparaba Ña Rosa para la merienda de la
tarde lluviosa. Eulogio volvía de la panadería con el preciado
manjar y algún libro o revista que intercambiaba con Miguelito
Garete, su compañero de escuela, con quien compartía el gusto por
la lectura, a pesar de sus cortas edades. Eulogio y Miguelito, fueron
compañeros por muchos años, y competían por el primer lugar de la
clase, pero sin malicia ni envidia, pues estudiaban y jugaban juntos,
sin estar conscientes de que estaban en concurso.
Volviendo
a Eulogio Carlos Quinto, el hacía de esos días lluviosos una fiesta
para Petrona y Eulogio(ocasionalmente para Isidora, cuando venía de
visita), pues les llenaba de atenciones y mimos. Una de las
atenciones, preferida por los niños, era que su padre les preparaba
una especie de estofado con carne vacuna, batata, verduras y
hortalizas. Era comida de dioses para los infantes, matizada por las
constantes bromas de su padre. Si la estadía de Eulogio Carlos
Quinto se prolongaba, cambiaba el ritmo de la casa. Su rutina de
chofer, hacía que a las cuatro de la mañana le despertara a todo
el mundo. Eso no era algo muy estimulante para Eulogio, que tenía
un apego extraordinario a las sábanas. Le gustaba que le
despertaran temprano, con una condición. Si había caldo de pescado
preparado por su padre, producto de los días prolongados de lluvia y
de la pesca de Euologio Carlos Quinto en las aguas del Tebicuary-mi,
cercano a la casa.
Afuera
la lluvia humedece el suelo y el cemento. Así como se humedecen los
ojos de Eulogio al recordar. Me dice que se formó un nudo en su
garganta y no puedo seguir contándome. Otro día seguimos.
JaRDinero
Asunción,
26/11/2012
Aún
Primavera del 2012.
(1)
Corredor o galería que rodea una edificación, por lo general una
vivienda rural.
(2)
”Para que aprendas, niño torpe!!!”.
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